El VLT obtiene imágenes de un mar de galaxias en la constelación de Virgo

Un brillante conjunto de galaxias puebla esta imagen, obtenida con el Telescopio de Rastreo del VLT de ESO, un telescopio de vanguardia de 2,6 metros diseñado para rastrear el cielo en luz visible. Las características de la multitud de galaxias esparcidas por la imagen permiten a los astrónomos revelar los detalles más delicados de la estructura galáctica.

Aunque el VLT (Very Large Telescope) de ESO puede observar objetos astronómicos muy débiles con gran detalle, cuando los astrónomos quieren comprender el proceso de formación de la gran variedad de galaxias que existen, deben recurrir a un tipo diferente de telescopio con un campo de visión mucho más grande. El VST (Telescopio de Rastreo del VLT) es ese tipo de telescopio. Fue diseñado para explorar grandes extensiones de los prístinos cielos chilenos, ofreciendo a los astrónomos detallados sondeos astronómicos del hemisferio sur.

Gracias a la gran capacidad del VST para hacer sondeos, un equipo internacional de astrónomos llevó a cabo el rastreo VEGAS (VST Early-type GAlaxy Survey, sondeo de galaxias tempranas con el VST) cuyo objetivo era examinar una colección de galaxias elípticas en el hemisferio sur. Usando el sensible detector de OmegaCAM, en el corazón del VST, un equipo dirigido por Marilena Spavone, del INAF-Observatorio Astronómico de Capodimonte, en Nápoles (Italia), captó imágenes de una gran variedad de estas galaxias en diferentes entornos.

Una de estas galaxias es NGC 5018, la galaxia de un blanco lechoso que se encuentra cerca del centro de esta imagen. Se encuentra en la constelación de Virgo y, a primera vista, puede no parecer más que una mancha difusa. Pero, observada más de cerca, podemos ver cómo se extiende hacia el exterior de esta galaxia elíptica un tenue flujo de gas y estrellas —una cola de marea—. Estas delicadas características galácticas, como las colas de marea y las corrientes estelares, son características que nos hablan de interacciones galácticas y proporcionan pistas vitales sobre la estructura y la dinámica de las galaxias.

Además de la gran cantidad de galaxias elípticas (y algunas espirales) que pueblan esta destacada imagen de 400 megapíxeles, el primer plano también está salpicado por una colorida variedad de estrellas brillantes de nuestra propia galaxia Vía Láctea. Estos intrusos estelares, como la intensamente azulada HD 114746, cerca del centro de la imagen, no son el objeto de estudio de este retrato astronómico, pero se encuentran entre la Tierra y las galaxias distantes que nos interesan. Menos prominentes, pero no menos fascinantes, son los rastros débiles dejados por asteroide en nuestro propio Sistema Solar. Justo debajo de NGC 5018, se puede ver cómo se extiende a lo largo de la imagen el débil rastro dejado por el asteroide 2001 TJ21 (110423) —captado a lo largo de varias observaciones sucesivas—. Más a la derecha, otro asteroide —2000 WU69 (98603)— dejó su rastro en esta espectacular imagen.

Mientras los astrónomos se disponían a estudiar los delicados rasgos de galaxias distantes, situadas a millones de años luz de la Tierra, en el proceso también captaron imágenes de estrellas cercanas que se encuentran a cientos de años luz de distancia, e incluso los débiles rastros de asteroides que están tan solo a unos minutos luz, en nuestro propio Sistema Solar. Incluso cuando se están estudiando los objetos más alejados del cosmos, la sensibilidad de los telescopios de ESO y los oscuros cielos chilenos puede ofrecer observaciones fascinantes de objetos de nuestro vecindario más cercano.

Fuente: https://www.eso.org/

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